Cosas de los Noventa

10 Cosas Que No Podías Hacer (tan) Fácilmente en los Noventa

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Hace unos días estaba pensando sobre la cantidad de tareas que hago habitualmente con mi teléfono y con mi ordenador y que jamás hubiera podido hacer hace 20 años o que se hacían de forma bastante distinta. Hice una pequeña lista de 10 cosas que no hubiera podido hacer en los noventa, o al menos, no hubiera podido hacer fácilmente ni por mi cuenta. Voy a centrarme un poco más en las funcionalidad del pasado o, dicho de otro modo, qué lo hacía distinto hace 20 años y por qué. Creo que puede resultar mucho más emotivo e interesante.

Os dejo un índice por si no queréis seguir el orden y saltar al punto que os dé más curiosidad. Si no describo mucho las ventajas de la tecnología de hoy es porque seguro que muchos lectores son conscientes de ello y no necesitan dedicar este tiempo a leerlo.

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  1. Grabar un Vídeo en los Noventa

  2. Organizarme un Viaje en los Noventa

  3. Comparar Precios al Momento en los Noventa

  4. Hacer Mi Propio Playlist en los Noventa

  5. Consultar Datos al Momento en los Noventa

  6. Saltarse la Cola del Cine en los Noventa

  7. Ver Cualquier Programa de Televisión y a Cualquier Hora

  8. Leer Opiniones y Experiencias de Cualquier Negocio

  9. Llegar a Cualquier Lugar Sin Perderse en los Noventa

  10. Hablar con Cualquiera en Cualquier Lugar en los Noventa

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Grabar un vídeo en los noventa era una operación relativamente simple, pero editar un vídeo era una operación muy complicada por varios motivos. Existían cámaras, pero en formato analógico, lo que implicaba costosos medios para lograr un producto final, tanto a nivel de montaje, edición y postproducción. A pesar de que la cámara en sí no era especialmente cara, el formato analógico debía convertirse a otro formato analógico mediante un equipamiento bastante caro.

El formato de 8 milímetros era muy común para grabar cintas caseras, al ser más compacto. No obstante en el salón comedor teníamos reproductores de vídeo en formato VHS, más grande y tosco, pero en última instancia el estándar de la época. Existían adaptadores, como también existían videocámaras usando un formato más compacto de VHS, aunque el problema acaba siendo el mismo, la conversión y la difusión del material.

Finalmente, al no existir Internet, los vídeos no se podían mostrar ni enviar, sino que tenías que invitar a alguien a casa a visualizar tu vídeo o se lo dejabas para que lo vieran en su casa. Lejos, eso sí, de las plataformas que tenemos ahora y, ni por asomo, los teléfono grababan vídeos.

En la actualidad casi cualquier teléfono puede grabar vídeo en igual o mejor calidad que una cámara de la época. El montaje es muy simple con cualquier aplicación gratuita o de pago del mercado; desde las más profesionales a las más amateurs.  Y para difundir tu vídeo o compartirlo, para eso está Youtube.

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Hoy en día no solo puedes leer las valoraciones de los distintos hoteles, sino que puedes contratar tu vuelo con antelación. Puedes realizar una reserva en cualquier hotel, desde casa, desde tu ordenador. Está al alcance de cualquiera y solo necesitas una tarjeta de crédito y unos conocimientos básicos de Internet. Te ahorras los intermediarios y como las páginas web tienen costes menores la comisión de los servicios que te ayudan en las reservas suelen ser pequeñas.

En los noventa tenías que ir a una Agencia de Viajes, que no era más que una oficina con una serie de comerciales que atendían tus solicitudes. Ellos se encargaban no solo de asesorarte sino de hacerte todas las reservas necesarias. Una agencia tenía costes de infraestructura: alquiler, sueldos etc. Además solían darte unos catálogos en forma de revista con multitud de precios que a menudo no servían para nada. Era habitual que cambiaran en el último momento, pero que te ayudaban a pensar sobre qué destino elegir gracias a las fotos. Aunque ahora estén más bien vacías, hace 20 años las agencias siempre estaban llenas de clientes y era tedioso visitarlas.

Aunque algunos viajes del Imserso todavía se contratan por agencia, no es motivo suficiente para mantener el negocio. También habrás notado que donde antiguamente había una agencia de viajes, ahora hay cualquier otro negocio que no es tan fácil que Internet reemplace.

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Si hoy te vas a comprar cualquier producto, especialmente de electrónica aunque no solo de eso, puedes consultar y comparar el precio de los productos utilizando el teléfono móvil, vía Amazon o cualquier otro comercio online, incluso comida, vinos etc. En el teléfono tenemos una cantidad ingente de precios disponibles.

Hace 20 años, si querías obtener el mejor precio de un producto debías visitar varias tiendas, centros comerciales o visitar distintas ciudades o, incluso países. A menudo aprovechabas el viaje de un conocido dándole dinero en caso de que encontrara ese producto más económico en Londres, o en Andorra o en su viaje a Nueva York. Hoy puedes buscar la mejor tarifa desde tu ordenador o desde tu teléfono sin mucho esfuerzo y sin necesitar favores.

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En los noventa no existía Spotify ni Youtube ni nada parecido. Si querías una selección de canciones necesitabas grabarlas en una cinta de cassette tu mismo. Tenías grabarlas una a una y escuchar la canción entera. Además era muy común que la copiaras de un cd a un cassette para llevar en el coche y también era muy habitual pedirle a un amigo que te dejara su cd de tal grupo para hacerte una copia. No había downloads, ni streaming ni nada parecido.

Hoy puedes crearte tu propio playlist en Itunes, Amazon, Spotify o Youtube, por ejemplo. Hay servicios gratuitos y otros de pago pero no solo te permiten crear tus propias complicaciones sino que además te permiten reproducirlas donde quieras, en un mp3, en el ordenador, en la televisión o en el móvil. Antiguamente el coche y el equipo de música eran los canales más habituales, a no ser que tuvieras un reproductor portátil, cuyas pilas solían durar más bien poco. Hasta que no aparecieran los mp3 en 1999 no cambiaríamos demasiado la forma de escuchar música.

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Hoy en día existe una cantidad ingente de datos disponibles no solo en páginas oficiales o enciclopedias online, sino también en páginas personales o comerciales. Podemos disponer de datos de cualquier producto o característica del mismo. También resulta muy fácil consultar o lanzar una pregunta a Google para que nos responda.

En 1998 no se disponía de toda esa información y buscarla podía resultar complicado porque debías ir a una biblioteca a consultar algún libro o algún manual. Algunos tenían una enciclopedia de papel en casa, pero eso tampoco garantizaba que la información necesaria estuviera disponible. Primero porque las enciclopedias necesitan actualizarse y en segundo lugar porque hay muchas preguntas específicas o valoraciones que no se pueden encontrar.

Como se explica en el sexto episodio de la séptima temporada de “Cómo Conocí a Vuestra Madre”. (No está traducido, lo siento), en 2005 los amigos discutían en los bares, pero unos años más tarde esa discusión no tenía sentido porque la respuesta estaba a unos pocos clics en el teléfono.

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Hoy en días puedes tranquilamente reservar tu entrada con antelación, imprimirla en casa y acudir al cine cinco minutos antes de que empiece la película. Los 20 minutos de anuncios y trailers te los vas a tener que tragar igual que hace 20 años, pero puedes ser muy eficiente si planeas con un poco de antelación tu ocio.

En los noventa tenías que hacer doble cola y llegar con muchísima antelación al cine para poder ver la película que quisieras y la hora que quisieras. La primera cola era para comprar las entradas y dependiendo de la película a menudo se agotaban. Si no te apetecía esperar otras 3 horas, tenías que cambiar de película y ver otra cosa. Luego debías hacer una segunda cola para entrar en la sala ya que no estaban numeradas y por tanto cuánto antes entraras, antes podrías ocupar una buena posición. La cola final, mientras uno o varios guardaban el sitio, servía para comprar palomitas. Tranquilamente podías pasarte el 30 o 40% del tiempo de la tarde de cine haciendo colas.

Ah y por cierto, en 1999 pude ver “La Amenaza Fantasma” en un DVD pirata bajado de Internet, con una calidad de audio lamentable lo admito, pero como 20 días antes de su estreno en España. Alguien la grabó en una sala de cine de Estados Unidos y difundió una copia. En la actualidad los éxitos de taquilla se lanzan el mismo fin de semana. Así que hace 20 años, las películas se estrenaban antes en Estados Unidos, incluidas las grandes producciones.

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Nos hemos acostumbrado a que las cadenas de televisión ofrezcan ya su contenido en la web para que lo podamos ver a cualquier hora. Amazon Prime, Yomvi y Netflix nos han acostumbrado a ver series y películas donde y cuando queramos. Los programas se añaden a Youtube a las pocas horas y muchos usuarios suben contenido divertido en sus canales siempre que quieren.

En los noventa no podíamos ver el contenido repetido. Las series solo se podían ver cuando las emitían las cadenas de televisión y si te perdías un capítulo no lo podías recuperar. Además, el contenido no se podía volver a ver y como mucho podías ir a un videoclub a alquilar películas, pero no series. Los paquetes de serie de televisión eran carísimos y las películas en DVD también.

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Hace unos años cuando se utilizaba la expresión “boca a boca” es porque era real. La gente intercambiaba sus experiencias entre los amigos, los conocidos. Luego estos lo comentaban con compañeros del trabajo y, muy lentamente, se difundía una valoración positiva o negativa de las tiendas, los comercios y los servicios. Era un proceso bastante lento y, para nada fiable, pero resultaba muy útil en los comercios de proximidad, pero siempre hablando.

En la actualidad, las webs de “reviews” o valoraciones son un aspecto importante para la calidad de los negocios. Google mismo ofrece la posibilidad de valorar comercios, restaurantes etc. Probablemente el más famosos sea “tripadvisor”, pero hay algunos más como Yelp. Booking también es una web donde puedes valorar los servicios contratados y para spas y masajes está Treatwell.  Y si por si acaso todavía no estás seguro, las empresas pueden colgar vídeos de sus instalaciones en youtube para convencer a los usuarios más exigentes.

A pesar de que he centrado mis comentarios en viajes o restaurantes, existen muchos otros servicios que se pueden valorar utilizando webs externas. Y si no dispones de “reviews” por Internet, siempre puedes pedir a familiares o amigos que te ayuden escribiendo alguna review de tu negocio.

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20 años atrás necesitabas utilizar la memoria y leer atentamente las señales de la carretera para llegar en coche a lugares que no conocías. Resultaba un auténtico engorro desplazarte a ciegas a lugares donde no habías estado nunca e, incluso, algunas zonas de las ciudades grandes o de las áreas metropolitanas resultaban desconocidas. El recurso más habitual eran los mapas de carretera y los callejeros que podían dar una idea de por dónde desplazarse y qué dirección tomar. Perderse era muy habitual, como también lo era necesitar unos 20 minutos adicionales para llegar a destino.

En la actualidad, Google Maps y otros dispositivos gps no solo te facilitan la mejor ruta, o la más rápida, sino que además te avisan del nombre de las salidas que debes tomar y del tiempo que te va a tomar hasta llegar a tu destino. Los GPS ya existían por allá 2005 y empezaron a ser útiles, pero no fue hasta la incorporación de Apple Maps y Google Maps con IOS y Android en los teléfonos cuando el sistema se estandarizó. En la actualidad te indican rutas rápidas y alternativas, te avisan del tráfico y te ayudan en tiempo real con avisos precisos y sin cables. Si te pasas una salida, te recalculan la mejor ruta y rara vez te pierdes, a no ser claro que le hayas indicado mal la dirección de destino.

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En los noventa existían los teléfonos móviles! De acuerdo, es verdad, pero no eran los teléfonos que conocemos ahora. Los mensajes de texto eran caros, unos 20 céntimos y el minuto de llamada costaba alrededor de los 30 y los 50 céntimos. Por eso se utilizaban lo justo, lo mínimo y lo estrictamente necesario porque el abuso de estos aparatos podía suponer el sueldo de una semana. La comunicación por teléfono móvil era funcional, y no lúdica. Solo se utilizaban para los asuntos más urgentes y para tareas profesionales imprescindibles. Las conversaciones eran cortas y descolgar una llamada suponía gastar dinero. Por aquella época se empezaba a apreciar la utilidad de contactar a tus conocidos estando fuera de casa, pero se restringía a lo mínimo imprescindible.

En la actualidad, 20 años más tarde, el teléfono ha sufrido una transformación increíble gracias a Internet y los smartphones. No puedo analizar ni profundizar en detalle con doscientas palabras, así que revisaré los elementos más importantes. Hoy es lo más parecido a una navaja suiza, incorpora mensajería, cámara de fotos y vídeo de alta calidad, agenda, conexión a internet, gps y navegador como grandes características.

Las nuevas costumbres

Pero quiero centrarme más en su uso y no tanto en sus características. En la actualidad te permite relacionarte con tus conocidos, amigos y familiares mediante herramientas más prácticas y a otros niveles. Puedes dejar mensajes, publicar en Facebook, Instagram y grabar mensajes de audio. La comunicación entre personas se ha vuelto mil veces más eficiente. Tu pareja o tu familia puede saber dónde estás en cada momento. Además esa relación puede hacerse grupal, acercando a los amigos que no siempre pueden estar cerca los unos de los otros por culpa del trabajo, las obligaciones familiares etc.

El uso excesivo del teléfono móvil cuando aprovechamos esos minutos libres en el trabajo, o mientras hacemos cola o vamos en tren provoca no solo una dependencia excesiva y malsana, también hace que perdamos la concentración con todo aquello que nos rodea. Este punto daría para escribir más de un artículo, ¿no os parece? Tomaros unos pocos minutos para reflexionar como era la comunicación cuando tuviste un Nokia 5110 y no un Smartphone S9 o un iPhone.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

Agradezco el interés en leer el artículo y si os ha gustado, por favor, no dudéis en comentarlo también o en enlazarlo. Si os ha conseguido sacar una sonrisa o he logrado transportaros mentalmente a otra época, un poco más caótica, pero a la cual sobrevivimos, también podéis dejar un comentario. No seáis tímidos por favor, que si no, no tiene gracia. Decidme cuál os ha gustado más o cuál me he dejado o sobre la que no estáis de acuerdo.

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