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Analicemos Por Qué Microsoft se Ha Equivocado con Windows 11

Cuando una gran empresa tecnológica lanza una nueva versión de su sistema operativo, esperamos una evolución natural. No pedimos magia. Le pedimos algo razonable: eficiencia, rapidez, estabilidad y que funcione con el software que ya usamos. Que no nos obligue a reaprender lo que ya sabemos. Que no ponga trabas donde antes había fluidez. Pero con Windows 11, la sensación es otra. Ha habido más imposición que desarrollo o personalización. La frase «Microsoft se ha equivocado con Windows 11» no es exagerada: es una conclusión a la que llegan cada vez más usuarios.

Esta no es una crítica nostálgica de quienes no quieren cambios. Es una reacción lógica ante un producto que, lejos de facilitar la vida, la complica innecesariamente. Y lo más grave es que muchas de esas decisiones parecen motivadas no por razones técnicas, sino por intereses comerciales y de control de mercado. En este artículo quiero analizar los errores de Microsoft con Windows 11, partiendo desde su diseño hasta sus políticas más discutidas. Porque entender por qué tantos usuarios están huyendo de esta versión es también entender cómo una empresa puede perder el norte cuando deja de escuchar a sus clientes.

Una interfaz menos eficiente en nombre del diseño

Lo primero que notan muchos usuarios tras instalar Windows 11 es que algo «no fluye». La interfaz ha sido rediseñada para parecer más moderna, sí. Pero en el camino se ha perdido algo esencial: la eficiencia. El nuevo menú de inicio es más confuso, menos accesible y menos personalizable. La barra de tareas ha sido «simplificada» a costa de quitar opciones básicas, como moverla de lugar o arrastrar archivos directamente sobre los iconos.

Este rediseño parece responder más a un criterio estético (hacerlo parecer más macOS, quizás) que a una lógica de usabilidad. Se han eliminado funciones conocidas sin ofrecer alternativas claras. Algunas se han ido recuperando, pero otras siguen ausentes. ¿Por qué? Porque, probablemente, no se pensó en el usuario real. Se pensó en la demo, en la presentación, en la captura de pantalla. Microsoft ha priorizado el «look» sobre el «feel», olvidando que una buena interfaz no es la que luce bonita en un mockup, sino la que permite trabajar sin pensar demasiado en ella.

Como muestra de lo que digo, está el famosos «Explorador de Windows» que para muchos usuarios del sistema operativo de Microsoft se ha vuelto una carga pesada y lo han tenido que sustituir por otra opciones. Y no digo desinstalar, porque no se puede, digo ignorarlo y empezar a utilizar otras opciones. Como por ejemplo: Everything, Files o One Commander.

Usuario enfadado tras actualizar windows 11

Pero no nos quedemos en la superficie, aportemos datos significativos. Esta es una lista de errores y fallos graves que ha tenido Windows 11 en 2025 y principios de 2026

  1. Enero 2026 – KB5074109: Actualización que “brickea” miles de PCs. Fallos de arranque, pantallas negras, Outlook que no abre. Solución oficial: desinstalar el parche y esperar al siguiente.
  2. Diciembre 2025: La actualización no se instalaba ni en equipos nuevos. Bucle infinito de instalación, ni el formateo resolvía el problema.
  3. Noviembre 2025: Microsoft rompió el servicio MSMQ (usado en entornos empresariales) sin tocarlo directamente. Dejó de funcionar de un día para otro.
  4. Octubre 2025 – KB5066835: Se destruye el rendimiento gráfico en GPUs Nvidia. La tasa de FPS se reduce hasta un 50%. Nvidia tuvo que lanzar un driver de emergencia.
  5. Julio 2025: Algunos equipos tardaban hasta 30 minutos en arrancar tras una actualización. Usuarios lo comparaban con “ver a un Nokia intentar correr GTA V”.
  6. 2025 ( en general):
    • 11.791 vulnerabilidades de seguridad, un aumento del 845% respecto a 2024 (1.393 fallos).
    • Una actualización rompió incluso el sistema de recuperación de Windows. Ni la herramienta de recuperación podía recuperar Windows.
  7. Actualizaciones constantes y fallidas: Ya no hay “Patch Tuesday”. Las actualizaciones llegan sin aviso, varias veces por semana, y cada una puede romper tu sistema.
  8. Paint pide login: Incluso herramientas básicas como Paint requieren cuenta de Microsoft para usar nuevas funciones. A veces se abre desde el framework de la Store y lanza ventanas emergentes si no hay conexión.
  9. Eliminación de cuentas locales: Windows 11 ya no se puede instalar sin una cuenta Microsoft. Los comandos y métodos alternativos han sido bloqueados progresivamente.
  10. BitLocker y el FBI: Microsoft entregó claves de recuperación de BitLocker al FBI en al menos 20 ocasiones. Las claves se suben por defecto a tu cuenta Microsoft sin avisarte claramente. Esto demuestra que nuestros datos no están seguros y la privacidad no es una prioridad, ni una característica importante para Microsoft.

Una Visión Corporativa Alejada del Usuario

Todo esto no es casual. El error de Microsoft con Windows 11 tiene raíces más profundas que una mala decisión de diseño. El problema es sistémico. Windows 11 es el resultado de una empresa que ha dejado de pensar en el usuario como cliente para empezar a tratarlo como recurso. Las decisiones técnicas, como los requisitos absurdos de hardware, o las imposiciones comerciales, no son errores aislados. Son síntomas. Señales de que Microsoft está más interesado en empujar su ecosistema cerrado que en ofrecer un sistema operativo versátil.

Y esto es preocupante. Porque cuando una empresa tan dominante empieza a cerrar su jardín digital, los usuarios pierden margen de elección. Se convierte en rehén de su sistema. Y eso es exactamente lo que está empezando a pasar con Windows 11. Los usuarios no huyen solo por capricho o nostalgia. Huyen porque sienten que están perdiendo el control sobre su propia herramienta de trabajo. Microsoft se está equivocando con su enfoque en Windows 11 al convertirlo en un banco de pruebas con los clientes.

Conflicto en Entornos Empresariales y Corporativos

Uno de los errores que está cometiendo Microsoft con Windows 11, sin lugar a dudas, ha sido la eliminación de la cuenta local. Lo que ha forzado millones de usuario a registrar sus sistemas operativos en la nube.
Las cuentas locales en Windows son fundamentales para muchas empresas porque permiten gestionar equipos de forma directa, sin depender de internet ni de servicios externos. Facilitan tareas como la instalación de software, control de permisos, recuperación de sistemas o mantenimiento técnico, especialmente en entornos con conectividad limitada. Su uso garantiza una administración ágil y segura a nivel local, algo que resulta clave en redes corporativas con muchos dispositivos.


Eliminar o dificultar el acceso a cuentas locales, como está haciendo Microsoft en Windows 11, reduce la autonomía de las organizaciones, complica los despliegues offline y obliga a depender de cuentas en la nube. Esto puede exponer a las empresas a mayores riesgos de seguridad, pérdida de control operativo y dificultades en el cumplimiento de políticas internas.

Requisitos de hardware absurdos: la trampa del TPM 2.0

Uno de los golpes más duros para los usuarios llegó con los requisitos técnicos para instalar Windows 11. De repente, equipos perfectamente funcionales se quedaban fuera por no tener TPM 2.0 o una CPU de la lista «bendecida» por Microsoft. ¿Qué lógica hay detrás de esto? La excusa oficial es la seguridad. Pero ni el TPM 2.0 es garantía mágica de protección, ni se justifica dejar millones de dispositivos obsoletos de un día para otro. En la práctica, se está forzando una renovación de hardware que beneficia a fabricantes y deja atrás a quienes no pueden o no quieren cambiar su equipo.

Esto no es evolución tecnológica. Es exclusión artificial. Y ese tipo de decisiones tienen consecuencias: desconfianza, fragmentación y, sobre todo, una pérdida de credibilidad. Microsoft se ha equivocado con Windows 11 al imponer condiciones que no tienen más propósito que cerrar el ecosistema a su antojo. Por decirlo de una forma coloquial, pero entendible, «se les ha visto el plumero.» Ya lo intentaron en su día con «Cortana» y hoy lo han vuelto a hacer con Copilot. Saben que la única forma de incrustar su modelo de IA consiste en fusionarlo con el sistema operativo hasta que los límites de uno y de otro desaparezcan.

Irónicamente, los sistemas operativos linux funcionan mejor que Windows en ordenadores antiguos. El problema es que Microsoft llena de tanta porquería el sistema, que es inmanejable. Al contrario que linux que solo instala aquello que necesita el hardware para funcionar de forma ágil y eficiente. Lo explico en el siguiente apartado.

Publicidad Encubierta e Imposiciones dentro del sistema operativo

Otro punto que enerva a los usuarios es la intrusión publicitaria cada vez más descarada. Banners en el menú de inicio. Recomendaciones que son anuncios. Integraciones forzadas con Edge y Bing, incluso cuando usas otros navegadores. Y OneDrive intentando imponerse como si no existiera alternativa.

Todo esto da la sensación de que Windows 11 no es un sistema operativo al servicio del usuario, sino una plataforma diseñada para redirigir tráfico hacia los servicios de Microsoft. Como si hubiéramos pagado por un producto y, aun así, nos tratara como mercancía. Esta estrategia, más que molestar, irrita. Porque convierte la experiencia de uso en un campo minado de sugerencias, notificaciones y componentes que nadie pidió. El sistema no es tuyo: te lo alquilan con condiciones, con rastreo incluido. Lo inflan hasta que se hace inservible y actualización tras actualización, el usuario reza para que todo funcione y no hayan roto nada esta vez.

Publicidad en Windwos 11

Control Centralizado y Pérdida de Autonomía del Usuario

El error de Microsoft con Windows 11 también se percibe en la obsesión por el control. Muchas configuraciones avanzadas han sido ocultadas o bloqueadas. Las actualizaciones se imponen sin opción clara de evitarlas. Algunas apps no pueden desinstalarse. Y cada vez es más difícil usar el sistema sin una cuenta online. Esto no es solo una molestia técnica. Es una estrategia. Al limitar las opciones del usuario, Microsoft crea una dependencia. Cualquier decisión que se aleje del uso «guiado» por ellos se convierte en una odisea. Lo que antes era personalizable ahora está preconfigurado. Y lo que era tu ordenador ahora se siente como un terminal supervisado.

La pérdida de control no es solo simbólica. Es funcional. Y es una de las principales razones por las que muchos usuarios están diciendo basta. No pueden decidir si quieren o no quieren que el sistema les espíe. Hay aplicaciones o funcionalidades que no se pueden desactivar. El sistema operativo cada vez pesa más y nada parece funcionar tan ágil como antes.

¿Privacidad? Solo si Aceptas ser Rastreado

Windows 11 lleva la recopilación de datos un paso más allá. Desde el primer arranque, el sistema sugiere iniciar sesión con cuenta de Microsoft, activar la sincronización de datos y permitir el envío de información de uso. Incluso desactivando todo lo posible, es difícil saber con certeza qué se sigue enviando.

La telemetría, que Microsoft justifica como necesaria para mejorar el producto, en la práctica funciona como un sistema de seguimiento permanente. Y lo peor: el usuario medio no tiene ni idea de que está ocurriendo ni cómo evitarlo. Este modelo de vigilancia disfrazada de asistencia técnica socava la confianza. Si cada clic, cada ventana abierta, cada decisión se monitoriza, ¿dónde queda la sensación de control? Windows 11 plantea una relación desigual, en la que el sistema sabe más de ti de lo que tú puedes saber de él.

Microsoft no está intentando mejorar Windows 11. Lo que intenta es que sea imposible para un usuario utilizar el sistema operativo de forma anónima. Los usuarios les están enviando datos de navegación, preferencias, uso del sistema etc.

El Error de Microsoft con Windows 11: ¿Hay Vuelta Atrás?

Windows 11 no es un fallo técnico. Es un síntoma de una estrategia empresarial orientada al control, no al servicio. El error de Microsoft con Windows 11 no es haber intentado innovar, sino haber olvidado a quién debía servir esa innovación. La buena noticia es que están a tiempo de corregir el rumbo. Pero para ello, deben dejar de mirar solo sus métricas internas y empezar a escuchar lo que dice su base de usuarios. El descontento es real. Y no se soluciona con un rediseño del icono de volumen o un nuevo widget del tiempo.

Se soluciona con respeto. Con un sistema operativo que vuelva a ser una herramienta, no una plataforma disfrazada de servicio. Porque si no lo hacen, esta será la versión que marque el punto de inflexión. El momento en que muchos usuarios decidieron bajarse del tren de Windows para siempre.

Microsoft se ha equivocado con windows 11

Sinceramente decir que Microsoft se ha equivocado con Windows 11 es quedarse corto. Se han pasado de frenada y se han apresurado tanto a llenar de IA y bloatware el sistema operativo, que han conseguido que Windows funcione verdaderamente mal. En mi caso he decidido abandonar Windows por una plataforma más simple que Linux, Apple. Mi nuevo Mac, con todos sus fallos y problemas, me permite de momento trabajar igual que lo hacía con el sistema de Microsoft.


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